MONTECARLO, la joya de los casinos europeos
Con una extensión de poco más de dos kilómetros cuadrados, y entre territorio francés y el mar mediterráneo, encontramos la ciudad-estado de Mónaco. Aunque tiene una población estable de 28.000 habitantes, se estima que tan sólo 6.000 de ellos están censados como monegascos. El resto son turistas o forman parte de la alta sociedad, teniendo segunda residencia en Mónaco, ya que si algo puede caracterizar a este pequeño principado es el lujo. Se trata de una monarquía hereditaria constitucional, que tiene ahora como cabeza visible al príncipe Alberto II, de la familia de los Grimaldi. Tiene como idiomas oficiales el monegasco y el francés, aunque también está muy extendido el italiano y su moneda en curso es el euro, usando el franco antes de la implantación de éste en la Comunidad Europea.
Pese a ser un lugar tan reducido, o precisamente por ello, Mónaco se ha convertido en un lugar exclusivo, dónde podemos encontrar los mayores lujos y dónde se celebran acontecimientos absolutamente únicos como el Baile de la Rosa, que se celebra cada año para recaudar fondos para Cruz Roja Internacional o su campeonato de Formula-1, posiblemente el más característico de todo el circuito. Hay muchas maneras de gastar dinero en Mónaco, desde disfrutar de su puerto deportivo a su famoso casino, el más importantes de Europa, y que se encuentra en el distrito de Montecarlo.

Situado junto al mar, su diseño y construcción se lo debemos a Charles Garnier, responsable también de la Ópera de París. Es el contrapunto de los casinos actuales, tanto lo de Las Vegas como los de Macao, porque mientras estos son modernas edificaciones que intentan imitar a edificios antiguos, el de Montecarlo es una verdadera pieza clásica de arquitectura, pues fue construido en 1863. Adosado al mar y con gran lujo de detalles tanto en su interior como en su exterior, se encuentra además junto al edificio de la Ópera de Mónaco. Por todas estas razones, y en contraposición a los casinos antes citados, el de Montecarlo siempre ha estado asociado al lujo y a la jet-set.
Su entrada principal, a la que se accede subiendo sus famosas escalinatas, nos permiten acceder al interior del casino, en el que encontramos cinco estancias diferenciadas;
El Atrio, o recibidor, que fue diseñado y construido por el arquitecto Dutrou. La misión de este espacio es dar la bienvenida a sus ilustres visitantes con su estilo clásico de columnas manteniendo una balaustrada. Las obras de arte, el color, el mármol del suelo, la sofisticación... todo está preparado para sorprender al jugador.
El Salón de Europa, es históricamente, el primero de los salones que se habilitó para el juego en el casino. Su diseño original se lo debemos también a Charles Garnier, pero a finales del S.XIX fue remodelado, quedando a cargo de su diseño Henri Schmit, que cambió el nombre original del salón, Sala Mauresque, por el de Salón Europa. Entre su decoración podemos encontrar murales alegóricos a las cuatro estaciones y a paisajes monegascos, incluyendo también estatuas de corte clásico e inmensas lámparas realizadas con cristal de bohemia. Actualmente, es la zona del casino dónde encontraremos los juegos de ruleta.
La Sala Blanca, fue preconcebida como una estancia aparte, en la que los jugadores se relajaban charlando en un ambiente sin mesas ni tragaperras, pero acabó alojando juegos como una sala más, debido al gran número de visitantes que recibía el casino incluso en la supuesta temporada baja, la de invierno. Las obras de arte que aloja fueron testigo en 1991 de su pequeña remodelación, que la convirtió en la zona del casino deonde podemos encontrar las máquinas tragaperras.
Las Salas Touzet, son dos estancias decoradas con madera y pinturas bucólicas. Su inauguración data del año 1890, el mismo en el que la electricidad llegó a Mónaco. Fueron diseñadas por el arquitecto Touzet, que trabajó en ellas incluso cuando supuestamente estaban finalizadas. Es dónde deberemos ir para encontrar las mesas de blackjack o de dados.
La Sala Medecin se encuentra en el ala este del casino e incluye su célebre restaurante “Les Privés”, situado junto a la terraza para que los comensales puedan tener una excelente panorámica del mar. También es conocida como la Sala Imperio, por el oro que decora sus paredes y por el hecho de ser una sala privada donde acceden los jugadores más acaudalados que buscan de privacidad y exclusividad, lejos de los demás jugadores.

Ha pasado más de un siglo y cuarto desde su inauguración, pero Montecarlo no ha perdido ni un punto de exclusividad y lujo desde su nacimiento. Hombres de etiqueta y mujeres de gala recorren cada día sus magníficas escalinatas y es todo un referente mundial visitado por celebridades de toda índole, incluyendo, claro está, la obligada aparición del cinematográfico 007. Es un lugar donde se puede encontrar el lujo al estilo más clásico y las más modernas comodidades, un lugar no apto para todos los bolsillos. Esta es la principal diferencia con el resto de casinos del mundo, lugares diseñados para recibir masas de jugadores, pues Montecarlo se definió desde su inauguración como un lugar para las clases más pudientes. Puro lujo.